CINE

RINCÓN CINÉFILO: ETERNAL SUNSHINE OF THE SPOTLESS MIND (¡OLVÍDATE DE MÍ!)

¡Olvídate de mí!

¡Olvídate de mí!

El amor siempre se trató en el cine, incluso antes de que Chaplin se enamorase perdidamente de Virgina Cherrill en Luces de Cuidad, ya había infinidad de películas que trataban el género. Hollywood lo explotó como ningún otro y llegó a sustituir esos folletines románticos del S.XIX por películas creando una serie de estereotipos en las relaciones que luego tanto daño han hecho en la vida real. Pasarían años hasta que Jack Lemmon experimentase el amor no correspondido en El Apartamento, película que pondría el punto final al Hollywood clásico y escribiría la primera línea del moderno.

Al contrario que el genero romántico, el desamor fue un género marginado que se empezó a tratar de formas más abierta en los 90’s, aunque ya Allen y más tarde Cassavetes incidieran en él en muchos de sus films. Pero ha sido en estos últimos años cuando Hollywood lo ha comercializado abiertamente desde el cine independiente de los 90’s (Singles de Cameron Crow) hasta la comedia un tanto cursi (500 Days of Summer de Marc Webb) o el drama más sólido como la aún no estrenada Blue Valentine de Derek Cianfance.

Fue Michael Gondry, director francés que perteneció a la generación del videoclip junto con Spike Jonze o Mark Romanek, quien dio su peculiar visión acerca del género de la forma más original que uno se puede imaginar en esa joya en bruto que es Eternal Sunshine of the Spotless Mind. Aquí se tradujo como ¡Olvídate de Mí! con el fin de venderla como una comedia barata de Jim Carrey (las distribuidoras en este país son así).

Eternal Sunshine of the Spotless Mind es la radiografía de una relación y sobre todo de su anclaje en la memoria porque el único protagonista absoluto en la película es ella y los recuerdos que contiene (es preferible no desvelar nada más del argumento). La cinta se mueve hábilmente dentro de la mente humana; la mayoría de las escenas que acontecen no pertenecen al tiempo real si no que suceden dentro del cerebro del protagonista, incluso podemos suponer que parte de la realidad que se muestra está distorsionada al presentar un único punto de vista, como se puede comprobar casi al final de la cinta cuando escuchamos la otra versión de la relación.

El guión obra de Charlie Kaufman por el cual se llevo el Oscar al mejor guión original y la dirección de Gondry que recuerda en ciertos compases al Terry Gilliam de Brazil hacen que la película tenga una parte real y otra esperpéntica, que se sale de los cánones convencionales. Aunque en el último minuto del film se opta por el camino convencional, no es para nada reprochable porque como ya se sabe en el cine las cosas suelen salir así.

Jorge García Martínez 

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